La gestión del actual director de la Autoridad de Aeronáutica Civil (AAC), así como el de un cargo clave en esa institución y para el país –el de director de Seguridad Aérea– dejan mucho que desear, por no decir que es negligente e indolente. Ellos están en esos cargos para garantizar la seguridad de los vuelos en general y, en particular, de pasajeros y tripulantes. Es imperdonable e inadmisible la actuación de estos funcionarios, quienes han dejado claro que no trabajan para el Estado, sino para intereses económicos que, sin importar las consecuencias para el país y sus habitantes –nacionales o extranjeros– obtienen de ellos lo que quieren y, por si fuera poco, utilizan la institución como trampolín para sus negocios personales, incapaces de ver lo obvio: un evidente y escandaloso conflicto de interés. La AAC es una institución en la que el Presidente deberá poner más atención: es necesario remover el personal que, lejos de satisfacer los intereses de la Nación, está allí para otros fines. La irresponsabilidad de la actual administración de la AAC no debe continuar. Las vidas de ciudadanos locales y foráneos está en manos de estos sujetos. Si continúan en sus cargos, será cosa de suerte que no haya situaciones que lamentar en el futuro.
Hoy por hoy
23 jun 2022 - 05:02 AM
