Hoy por hoy

El nuevo Instituto Oncológico Nacional es una necesidad apremiante. El actual, además de viejo, carece de espacio para pacientes y de las facilidades tecnológicas contemporáneas. Pero su construcción ha estado dando vueltas durante más de 10 años, lo que ha encarecido notablemente su costo, a pesar de que, contrario a otros centros hospitalarios, este no es un capricho, sino una urgencia real. Los gobiernos han destinado cientos de millones de dólares para estadios, ligas deportivas, planilla, subsidios, alquiler vehículos, banquetes, viajes y otros lujos. Ese dinero habría servido para salvar vidas, pero como los amigos del poder tienen fondos estatales ilimitados para ir a Cuba o Houston para recibir tratamiento, no importa que en Panamá la gente más necesitada muera por falta de equipos, personal calificado o medicinas. Los allegados tienen garantizado el uso de las partidas discrecionales para salvar su existencia; el resto, dependemos de la suerte. Este gobierno no puede seguir posponiendo esta obra, más necesaria que un tramo de carretera mal hecho. Por favor, sean humanos por una vez en la vida.


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