Las esquinas, aceras, calles y semáforos han vuelto a ser escenario de personas que buscan sustento en la misericordia y generosidad de las personas que aún tienen trabajo. Decenas de miles de panameños –producto de las medidas restrictivas impuestas por el Gobierno a causa de la pandemia– han perdido su empleo y, aunque la economía muestra signos de recuperación, lo cierto es que el ritmo para producir puestos de trabajo es y será lento. La falta de iniciativa y la carencia de imaginación y creatividad del Gobierno solo crea desconfianza, agravada por la sórdida y galopante corrupción que aleja la inversión privada local y extranjera, situación que tarde o temprano será insostenible, pues lo único que se les ocurre a los políticos es engrosar la planilla estatal sin que, a cambio, se reciban los beneficios de contar con recursos humanos que puedan hacerle frente a los problemas del país. La mendicidad ha vuelto a nuestras calles –algo que poco se veía–; gente en edad productiva se quedó sin opciones, salvo recurrir a la solidaridad con la esperanza de llevar comida al hogar. La solución no es la subvención ni las bolsas con comida. Eso es crear dependencia. La solución es atraer inversiones para proporcionarles un empleo digno.
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30 may 2022 - 05:02 AM
