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Los alegatos finales de la fiscalía en el caso New Business fueron reveladores, en el sentido de que han encajado todas las piezas del rompecabezas creado para ocultar a los beneficiarios finales y la procedencia del dinero –casi todo del Estado– utilizado para adquirir las acciones de Epasa, evidenciando la ilicitud de la operación, así como la sospechosa falta de controles y de gobierno corporativo de uno de los bancos en el que la familia Martinelli Linares era accionista importante. De acuerdo con la fiscalía, el expresidente exigió dinero a contratistas del Estado que, al principio se negaron, pero terminaron accediendo a cambio de adendas a sus contratos, a fin de obtener el dinero que se les exigía. Así ha quedado probado que el expresidente compró Epasa con fondos públicos, pero no conforme con eso, luego sostuvo la operación de esa empresa, durante cuatro años, con contratos de publicidad estatal. Negocio redondo. Hasta un préstamo personal con la Caja de Ahorros fue cancelado con los fondos que recogieron en la cuenta canasta de New Business. Y todo esto lo armaron, ejecutaron y disfrutaron desde la solemnidad del despacho presidencial. Han utilizado la Presidencia de la República como si fuera una guarida. No se puede caer más bajo.

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