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Hoy por Hoy

Si el autoritarismo fuera una virtud, el alcalde del distrito capital sería un extraordinario virtuoso, pues no tiene que esforzarse mucho para ser el aprendiz de autócrata que es. Tiene la natural tendencia a hacer lo que se le venga en gana con la opinión de sus conciudadanos y ahora también lo hace con una orden directa de la Corte Suprema de Justicia, que decretó la suspensión provisional de un aumento de impuestos municipales que impulsó el año pasado, de manera inconsulta y sin comunicar, como es su naturaleza y costumbre. Semejante afrenta –que no es otra cosa que un obvio desacato a lo ordenado por la Corte Suprema– merece una sanción ejemplar, pues al alcalde no parece importarle el orden constitucional ni las leyes. ¿Cuántas empresas del distrito podrían cerrar, porque este funcionario, en su terquedad, mantiene unos impuestos municipales inconsultos, los cuales bien podrían ser declarados inconstitucionales? Si el alcalde y la presidenta del Consejo Municipal de Panamá no reciben una sanción por su abierto desprecio a la Corte, que luego los magistrados no se quejen de que sus decisiones tienen el respeto y la obediencia de una simple sugerencia.

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