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Una reciente licitación de la Caja de Seguro Social (CSS), en la que se adjudicó un contrato para renovar los equipos de imagenología diagnóstica en todo el país –por un monto de $207 millones– tiene todas las características de un gran y descarado chanchullo. Lo más llamativo de la licitación es que, a pesar de que es un contrato que tenía un precio de referencia de $189 millones, nadie se presentó al acto de licitación, salvo un consorcio que, como se dijo, no tuvo competencia alguna. ¿Por qué no se presentaron más proponentes para un contrato tan grande? La experiencia nos dice que casi siempre contratos de este alcance están arreglados desde el pliego de cargos y, de hecho, en los actos que precedieron la licitación, hubo protestas de otras empresas y hasta una de estas –entre las mayores del ramo– presentó un incidente de nulidad contra todo lo actuado. También es notorio el hecho de que el contrato sea global, cuando pudo haberse adjudicado a varias empresas; así como el hecho de que el precio del contrato es casi un 10% por encima del precio de referencia. Es obvio que, sabiendo seguramente que, de hecho, no habría concurso, no había problemas en elevar la propuesta. Y así se hizo.

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