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En la víspera de la Navidad, los políticos con aspiraciones a repetir, incluso algunos que pretenden llegar o volver al Gobierno a través de un cargo de elección popular, han comenzado ya una campaña política que, como en años anteriores, no está autorizada, está definida por un patrón de clientelismo político y que es casi seguro que se paga con nuestros impuestos. Es una campaña que no se basa en promesas –que, por gastadas e incumplidas, son ineficaces– sino en “regalar” electrodomésticos, jamones, bolsas con comida, etc. Sobre la superficie, la excusa es la Navidad, pero en el fondo, la razón es la compra de votos. El Gobierno no solo se presta para la bribonada, sino que también la financia, como en el caso de los jamones, que solo en este rubro ha destinado la friolera de $25 millones. Mientras las calles de la capital, del interior del país y la vía Interamericana se han convertido en caminos para caballos y carretas, esta gente se da el lujo de hacer campaña con los impuestos que deben ser destinados a mejorar la calidad de vida de todos los panameños, y no de un puñado afín al Gobierno. Esto no es más que burlarse de la pureza del sufragio.

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