Los problemas de siempre con los diputados y la Asamblea no parecen superarse. Nunca, sin importar cuánta crítica reciben, se corrige el rumbo: siempre pretenden más plata, y el Ejecutivo se la concede sin justificación creíble o sensata; siempre andan creando leyes para legalizar lo ilegal o haciendo leyes a la medida para personas, donantes, grupos económicos, para ellos o para sus copartidarios. Sus leyes crean privilegios o irrespetan leyes que la propia Asamblea aprobó. Es frustrante reportar lo absurdo de sus actuales leyes sin que los afectados –es decir, los habitantes del país– reaccionen. Se lo aguantan todo, sin importar qué tan perjudicados sean, pues muchos comulgan con la peor práctica de los diputados: “¿qué hay pa’ mí?” La misma desfachatez es común verla en el Ejecutivo, en el que hay ministros que han demostrado su incompetencia y, sabiéndolo, la sociedad lo tolera y se conforma con un comentario malsonante o un “like” en las redes. Los panameños siguen en el juega vivo, como los peores diputados de la Asamblea o los más incapaces ministros del Ejecutivo. El punto es que ahora se aplaude al sinvergüenza, mientras la gente honesta debe quedarse en casa por su seguridad. ¿Quién nos entiende?
Exclusivo
Hoy por hoy
01 oct 2022 - 05:10 AM
