Si algo hay que reconocerle al Gobierno es su disposición para convocar diálogos. Lo malo es que casi siempre son inconducentes, inútiles y, en consecuencia, pérdida de tiempo para los que creen que por esta vía se pueden conseguir objetivos. Veamos el caso del costo de las medicinas. Hay tres comisiones hablando de eso: una del Ejecutivo; otra del Legislativo y la tercera –surgida, precisamente, por la falta de resultados– de los grupos que organizaron las protestas de julio pasado, y que obtuvieron un parche en la mesa única del diálogo por Panamá –la rebaja del precio de 170 medicamentos– en vez de una solución integral. Hablar, discutir, analizar, incluso, acordar soluciones, no parece ser el problema. En cambio, la voluntad para llegar al fondo de la cuestión; reestructurar el sistema y, alcanzados los objetivos, aplicar lo acordado, esa es otra historia. La verdad es que no hay tal voluntad, porque hay factores elementales que lo impiden. Por ejemplo, hay mucha incompetencia en el Gobierno; las soluciones propuestas no están consolidadas; el liderazgo es escaso y la credibilidad de los políticos anda por el piso. Con este panorama, es poco probable una solución a largo plazo… aunque aún quedan esperanzas.
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06 sep 2022 - 05:00 AM
