Una vez más, la dictadura del presidente nicaragüense Daniel Ortega se ensaña con la Iglesia católica, cuando tropas bien armadas de la policía asaltaron en la madrugada de este viernes la Curia Episcopal de la Diócesis de Matagalpa para secuestrar al obispo Rolando Álvarez, crítico del régimen sandinista, así como a otros ocho religiosos que estaban en el recinto. Ortega –junto a su esposa y vicepresidenta– ha instaurado un régimen autoritario, en el que sus críticos solo tienen derecho al silencio, so pena de un secuestro o un carcelazo, a la sombra de procesos judiciales espurios. Con más de 25 años en el poder, producto de varias elecciones en las que no faltaron las acusaciones de fraude, Ortega no le ha perdido defecto alguno a Somoza, el dictador que él enfrentó. No ha tenido escrúpulos para masacrar a su pueblo, encarcelar o desaparecer a críticos y opositores, destruir reputaciones y propiedades y pisotear las leyes y la Constitución de su país para mantener su férreo control. El secuestro de monseñor Álvarez es otra de sus arbitrariedades, por lo que Ortega y su esposa son un peligro para su pueblo y ambos son aberraciones que merecen el más enérgico repudio de nuestro Gobierno y de la comunidad internacional.
Exclusivo
Hoy por Hoy
20 ago 2022 - 05:03 AM
