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Entre textos, fotos y audios: la pediatría sin horario

Entre textos, fotos y audios: la pediatría sin horario
En caso de que el celular haya sido expuesto al agua se recomienda no cargarlo, secarlo con un paño suave y si es posible quitarle la batería.

Lunes. 7:04 a. m.

“Hola Dra., Juana tiene mocos y tos hace 5 días, anoche casi no dormimos por la tos, pero amaneció sin fiebre y como me pidió ir a la escuela la mandé. ¿Qué jarabe me recomienda darle para quitarle la tos de una buena vez?”

Todavía no terminé el primer sorbo de café. No son ni las siete y media y ya estoy mentalmente repasando: ¿qué tipo de tos?, ¿seca o productiva?, ¿edad de Juana?, ¿antecedentes?, ¿cómo sonaría la auscultación?, ¿por qué la expresión “de una buena vez” suele aparecer asociada a la tos?

Lunes. 12:30 p. m.

Tengo hambre, miro el celular y encuentro un audio de la mamá de María, de cuatro minutos... No tengo tiempo ahora, le pido que por favor me escriba la consulta. Me contesta que no es urgente, que escuche cuando pueda...

Respiro. Empiezo a repasar mentalmente pacientes, pesos, edades, diagnósticos y tratamientos. Pienso si fue María de 8 meses o María de 8 años.

Lunes. 3:00 p. m.

Escucho el audio: “Dra., la contacto porque estoy muy preocupada por los dolores de cabeza de María. He seguido sus recomendaciones, pero entonces... por ejemplo, el jueves empezó con un dolor leve, luego el viernes no quiso desayunar, el sábado dijo que le dolía más del lado izquierdo, pero después se le pasó, aunque el domingo volvió a decir que le dolía cuando se levantó, pero jugó normal, aunque anoche se despertó dos veces, pero no lloró, pero...”

El mensaje continúa. Mucho detalle. Demasiado detalle. Escucho, intentando identificar lo importante entre lo accesorio. Porque en medicina —y esto no siempre se entiende— a veces un solo dato lo cambia todo... y otras veces no cambia nada.

Y, por supuesto, a las 9:00 p. m.:

“Dra., disculpe la hora. Le mando esta foto de algo que pasó hace dos días, pero ahorame volvió a preocupar”.

Como pediatras entendemos —de verdad entendemos— que ser mamá o papá viene acompañado de una carga enorme de dudas, miedos e inseguridades. Nadie nace sabiendo. Nadie quiere equivocarse con la salud de sus hijos. Y justamente por eso, para que las familias se sientan acompañadas en momentos de angustia real, muchos pediatras compartimos nuestro teléfono personal. Para situaciones realmente importantes.

No para reemplazar la consulta. No para hacer diagnósticos por WhatsApp. No para indicar tratamientos “rápidos” sin preguntar a detalle, sin ver, sin tocar, sin auscultar, sin medir, sin evaluar. Sin estar realmente frente al paciente.

Las consultas menores existen, claro. Para eso están los controles de salud: anotar dudas, hacer preguntas, repasar síntomas, aprender qué es normal y qué no. Y cuando un niño lleva varios días enfermo, cuando algo no mejora o cuando algo preocupa de verdad, lo responsable es llevarlo a revisión.

Una orientación por WhatsApp no suplanta una evaluación presencial. Nunca. Por más buena intención que haya de ambos lados.

Además, cada respuesta que damos no es “solo un mensaje”. Implica una enorme responsabilidad. No se trata únicamente de vocación ni de compromiso. Se trata de decisiones que pueden impactar en la salud y el bienestar de un niño. Y también —aunque a veces se olvida— en la salud mental del profesional que responde.

Porque detrás del “es solo un mensajito” hay alguien que está en su casa, con su familia, cenando, descansando o intentando desconectarse para poder volver a cuidar bien al día siguiente. El uso indiscriminado de WhatsApp y de las redes sociales para consultas médicas borra límites, instala una sensación de urgencia permanente y termina pasando factura. A los médicos. Y, paradójicamente, también a los pacientes.

Por eso, este no es un reclamo. Es un llamado a la prudencia. A usar las redes con criterio. A entender que la mejor medicina sigue siendo la consulta adecuada, en el momento adecuado, con la información completa y el espacio necesario para pensar.

Cuidar a los niños también implica cuidar a quienes los cuidamos. Y eso empieza por algo tan simple —y tan difícil— como saber cuándo escribir, cuándo esperar hasta el día siguiente... y cuándo pedir cita.

La autora es pediatra.


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