Urania Cecilia con Molina (Urania Cecilia Molina), como cariñosamente le decía, fue una amiga y guía no solamente mía, sino de muchos de los que empezábamos en el ejercicio periodístico y de quienes ya habían tenido la oportunidad de recorrer las calles o lugares donde fuese necesario para encontrar y llevar la información.
Siempre dispuesta a apoyar, orientando o compartiendo información de la amplia agenda que tenía de todos los sectores del país, era desprendida y siempre estaba dispuesta a apoyar a quien fuera, sin distinción de ninguna clase.
Una mujer aguerrida y respetuosa, siempre en busca del dato, de la información, del detalle. Aunque, como se dice en buen panameño, no negaba fuego, los temas de salud y educación se convirtieron en el bastión de su ejercicio periodístico en los últimos años y, conociéndola, estoy seguro de que estaba convencida de que era una forma de contribuir a mejorar dos sectores del país que deben y requieren mejorar.
Ella siempre creyó en la educación, en la preparación, y prueba de ello es que siempre buscaba seguir especializándose. Además de periodista, era abogada.
En el plano más personal, era una persona seria, pero chistosa y descomplicada, siempre con una buena actitud, incluso en las circunstancias más difíciles.
Te daba seguridad y contención. Esa fue una de las cualidades que más la distinguió.
Fue una guerrera que enfrentó los retos que la vida le puso con fuerza, serenidad y siempre con la mejor actitud, sin quejarse, siempre agradecida por su día a día, por seguir adelante a pesar de las situaciones que le tocó enfrentar.
Si solo hablabas con ella por teléfono, nunca te imaginarías que tenía alguna afección de salud y, si la veías personalmente, más allá de los cambios físicos, ella era quien te daba la paz y la tranquilidad que uno, que no estaba enfrentando nada comparado con los retos que ella tenía, necesitaba.
Siempre agradecida por todo, sacaba tiempo y esfuerzo para responder y, sobre todo, agradecer por todo, aunque fuese solo un saludo.
La última vez que conversamos, cuando la vi, su paz y tranquilidad me dijeron que estaba lista para trascender. Ella me dio tranquilidad.
A 14 meses de su partida, a través de estas cortas líneas aspiro a hacer un pequeño homenaje a una amiga y guía con la que tuve la suerte de coincidir como profesional y amigo, desde el punto serio del ejercicio periodístico hasta los momentos más jocosos, de los cuales tengo muchos y, de seguro, muchos de los que leen estas líneas los tienen también.
Fue de esas personas que dejan huella sin proponérselo, que enseñan sin necesidad de dar lecciones y que acompañan sin hacer ruido. Su legado no está únicamente en las historias que contó o en las noticias que escribió, sino también en las personas que tuvieron la oportunidad de conocerla, aprender de ella y recibir una palabra de aliento en el momento oportuno.
Su ausencia sigue sintiéndose, pero también permanece el recuerdo de su fortaleza, de su generosidad, de su sentido del humor y de esa capacidad tan especial que tenía para transmitir tranquilidad, aun cuando era ella quien enfrentaba las mayores dificultades.
Su recuerdo sigue vivo en quienes compartieron con ella una sala de redacción, una cabina de radio, una llamada telefónica, una conversación o simplemente un momento de amistad sincera.
Gracias, Urania Cecilia con Molina, por la amistad, por las enseñanzas, por el ejemplo y por cada conversación compartida. Quienes tuvimos la suerte de coincidir contigo seguimos encontrando motivos para recordarte con cariño, admiración y gratitud.
El autor es periodista e internacionalista.

