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El voto cobarde

El voto cobarde
Asamblea Nacional. Foto: LP/ Alexander Arosemena

Así debería calificarse la abstención de los diputados panameñistas en la reciente elección de la junta directiva de la Asamblea Nacional. Y que conste que, con esto, no pretendo elevar la autoestima de la Coalición Vamos o el cada vez mayor egocentrismo de su líder, ese que hoy ni siquiera es diputado. Lo que sucede es que al Partido Panameñista no parece interesarle entender que los panameños deseamos empezar a experimentar la política decente frente a la conveniente. Los resultados de la última elección nacional, en 2024, lo demuestran, cuando, como segundones, su candidato a la Presidencia si acaso superó el 11% de los votos emitidos. Y, como partido político, rozó el 5%, perdiendo vigencia localmente en las provincias más pobladas, salvo algunos caciquismos de antaño en el interior, frente a la cada vez menor presencia política que les queda.

Llegaron a la presidencia de la Asamblea el año pasado con votos de Vamos, Seguimos, CD y del sector independiente. Pero ni por caballerosidad ni por desprendimiento, palabras que no existen en el diccionario de la política clientelar panameña, pretendieron votar por aquellos que los apoyaron. Porque tal vez este grupo panameñista prefirió hacer lo que hoy sería “políticamente correcto”: enviarle un mensaje al gobierno de que no los olviden cuando llegue la repartición, si se da el caso. Y posiblemente el primer indicio de semejante interés o necesidad fue la reunión a la que fueron invitados al Palacio de las Garzas, con todos los que votaron por la nueva junta directiva de la Asamblea Nacional. Al menos un partido como el PRD no disimula su desfachatez al ser más de lo mismo, cuando quienes lo lideran solo piensan en ellos, aunque el partido termine por extinguirse. Pero lo más triste es el amilanamiento frente a la falta de identidad, de carácter y de personalidad, ante un electorado cada vez más alérgico a este tipo de actuaciones, mientras que, por otro lado, pareciera haber un gobierno que no pretende aceptar críticas desde la Asamblea o que esta ejerza el equilibrio institucional tan necesario en la vida democrática.

Porque no se trata de ganar o perder. Era enviar el mensaje de que los principios y valores políticos deben ser recuperados, por encima de una decisión construida con leche condensada. Pero, al final del camino, no les importará, porque jamás ha sido valorado en este tipo de diputados, o así parece, el beneficio del país. Preferirán mantener sus planillas o las ajenas, aunque sean de sus contrincantes, como así sucedió, para seguir desangrando los fondos públicos, al mismo tiempo que congelan, una vez más, los cambios necesarios al reglamento interno. Como también impedir que se discutan e implementen los proyectos de ley anticorrupción, congelados en la ultratumba parlamentaria.

Da pena porque, de los partidos tradicionales, el Partido Panameñista, con su lucha longeva, continua e incansable por la dignidad nacional a través del tiempo, parece ser la última esencia de esperanza del ciudadano en el ámbito de nuestro cuestionado sistema electoral. Ojalá rectifiquen. Por difícil que parezca, hay tiempo para hacerlo.

El autor es abogado.


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