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El laberinto de Donoso: ¿qué hacemos con el cráter mientras la casa se nos cae?

El laberinto de Donoso: ¿qué hacemos con el cráter mientras la casa se nos cae?
Fotografía aérea de archivo del proyecto Minera Panamá, filial de la canadiense First Quantum Minerals (FQM). EFE/Bienvenido Velasco

El panameño es pasional hasta los tuétanos. Esa sangre caliente nos llevó a las calles a finales de 2023 para rechazar un contrato que la inmensa mayoría sentía abusivo. Las protestas desembocaron en el histórico fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró inconstitucional la Ley 406. Aplaudimos y cantamos el himno con orgullo.

Luego nos fuimos a casa creyendo que el problema estaba resuelto.

Cuando bajó la marea de la efervescencia ciudadana, la cruda realidad económica nos dio una bofetada tremenda. Hoy miles de familias andan comiéndose un cable, viendo cómo un enorme cráter en Donoso no produce absolutamente nada más que desgaste y pleitos internacionales. No podemos tapar el sol con un dedo frente a la magnitud del golpe. Las consecuencias de esa parálisis han sido devastadoras para la base productiva del país.

En el artículo “Cierre de Cobre Panamá generó la pérdida de 54,107 empleos, según la Cámara Minera”, publicado el 11 de febrero de 2025, el diario La Prensa reportó precisamente esa catastrófica cifra laboral. Esa es gente de carne y hueso. Son contratistas, dueños de fondas y técnicos que de la noche a la mañana se quedaron sin sustento y pasaron a engrosar las filas de la informalidad. La herida en las finanzas públicas fue igual de profunda. En la nota titulada “Presidente sobre la mina: sin suspensión de arbitrajes, no hay diálogo con First Quantum”, del 27 de febrero de 2025, el mismo diario detalló que la mina “representaba el 4.8% del PIB y el 75% de las exportaciones de Panamá, según datos de la empresa”. Perder casi el cinco por ciento de la economía nacional de un solo plumazo nos dejó cojeando justo cuando más necesitábamos liquidez.

Mientras el panameño de a pie hace malabares para llegar a fin de mes, cuidar ese monstruo de concreto y metal inactivo requiere una logística gigantesca. Vigilar los relaves y evitar un desastre ecológico por abandono es una operación monumental. Aunque estos gastos corran actualmente por cuenta de la empresa concesionaria bajo el plan de cuido, seguimos teniendo una infraestructura de clase mundial sumida en un limbo improductivo.

Frente a nosotros tenemos crisis sociales que nos respiran en la nuca. El programa de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja de Seguro Social agoniza. Faltan medicinas en los dispensarios. Las escuelas públicas urgen de reparaciones estructurales urgentes. El Instituto Oncológico Nacional clama por un presupuesto digno para salvar vidas.

Dejar miles de millones de dólares enterrados bajo nuestros pies por puro dogma carece de toda lógica administrativa. La tierra ya se abrió. La planta ya está construida. Es imperativo analizar qué uso le daremos a esa realidad física que ya forma parte de nuestro territorio. El ministro de Economía y Finanzas, Felipe Chapman, hizo un diagnóstico certero de nuestras contradicciones. Según quedó registrado en la publicación “El mensaje del ministro Felipe Chapman a los inversionistas de la bolsa de valores: tengan confianza”, del 12 de septiembre de 2025 en La Prensa, el titular advirtió: “Tenemos el PIB per cápita más alto de América Latina, pero niveles de pobreza y desigualdad injustificables. El reto es transformar crecimiento en desarrollo inclusivo”.

Esa es exactamente la pieza que falta en el rompecabezas nacional.

La solución no es el entreguismo de nuestros recursos. La parálisis total tampoco lo es. Una reapertura pragmática, condicionada y celosamente regulada es el único camino sensato. Si el Estado logra estructurar un nuevo modelo de concesión bajo términos verdaderamente soberanos, con fiscalización internacional estricta y garantías de protección ambiental comprobables en tiempo real, la historia puede cambiar de rumbo. Los inmensos ingresos de esa mina podrían ir directamente a blindar un fideicomiso constitucional intocable diseñado exclusivamente para salvar las pensiones del Seguro Social, modernizar la red hospitalaria y financiar becas para nuestra juventud.

El tres veces presidente de la república y constructor del Estado moderno panameño, el doctor Belisario Porras, entendía perfectamente la naturaleza de los tropiezos nacionales cuando dijo: “Mi mayor gloria no ha consistido en no haber caído nunca, sino en haberme levantado cada vez que he caído”. Levantarnos hoy significa aprender del caos reciente. Implica dejar la taquilla política barata y comprender que la riqueza natural se puede explotar si se administra con probidad absoluta. Sentarnos a renegociar las condiciones de una operación que ya existe, exigiendo respeto total por nuestro entorno y nuestras leyes, es la verdadera prueba de fuego de nuestra madurez republicana.

El cobre sigue allí esperando ser la herramienta que construya los hospitales y las escuelas que tanto necesitamos. La decisión de salir del hoyo es enteramente nuestra.

El autor es empresario.


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