El Foro Económico Mundial de Davos, que desde hace muchos años se celebra en la pequeña ciudad alpina suiza, no está expresamente ideado para atraer inversiones del extranjero a Suiza, sin perjuicio de las que se localicen allí. De manera semejante, el “Davos latinoamericano” que se lleva a cabo en Panamá está concebido para abordar los principales desafíos y oportunidades de América Latina y el Caribe, con el objetivo de promover, a través del diálogo, soluciones que impulsen el crecimiento económico, la inclusión social y la competitividad regional.
Ello no implica que Panamá no deba fijar como objetivo secundario del foro en su territorio la atracción de inversiones extranjeras, que tanto necesita para su crecimiento económico y el bienestar de su población. Ante la ausencia de capacidad de ahorro interno, un bajo nivel de capacitación de la mano de obra, el despilfarro de fondos públicos en prácticas electorales clientelistas, el creciente y descontrolado endeudamiento con organismos externos de financiamiento y la limitada capacidad de recaudación tributaria, la inversión extranjera deviene un elemento crucial para la economía de Panamá.
Por ello, es necesario y conveniente que nuestro país y su Gobierno muestren al inversionista extranjero la conveniencia de invertir en Panamá. Es necesario, pero no suficiente. No perdamos de vista que el inversionista potencial conoce, o debe conocer, las limitaciones de diverso orden que Panamá, u otros países, padecen para servir como refugio seguro de sus inversiones.
Para que el esfuerzo iniciado en buena hora sea suficiente para atraer al inversionista e infundir la confianza —que es el punto clave— Panamá debe mostrar y demostrar su compromiso y capacidad para eliminar la corrupción pública y privada, la incompetencia del Gobierno para atender las necesidades vitales de los ciudadanos, controlar un gasto público exagerado en gastos de operación y en inversiones descabelladas, y respetar y acatar el Estado de derecho en todas sus expresiones. Nadie serio viene a invertir en una casa sucia.
De no hacerlo, los “Davos de Panamá” pasarán a ser una fecha más en el calendario de las pachangas veraniegas: 9 de enero, Festival de las mil polleras (sin agua), Carnavales, ferias de todo lo habido y por haber, Semana Santa, y pare de contar. El evento terminaría por extinguirse a sí mismo o mudarse a otro lado.
Aprovechemos la oportunidad de poner la casa en orden, con Davos o sin Davos. La basura nos ahoga. No podemos engañar a los demás ni engañarnos a nosotros mismos.
El mayor riesgo de Davos Panamá es hablar y no actuar.
El autor es consultor en asuntos económicos y bancarios.


