La educación, más allá de ser un derecho fundamental, es la piedra angular sobre la que se construye el bienestar y la prosperidad de los países. Invertir en educación para el desarrollo es apostar decididamente por sociedades más justas, sostenibles e inclusivas.
En un siglo definido por cambios acelerados y nuevos desafíos, urge repensar la manera en que se forman las nuevas generaciones, para que sean agentes activos en la construcción de comunidades resilientes y equitativas.
La educación para el desarrollo va mucho más allá de la transmisión de conocimientos académicos. Consiste en dotar a las personas de herramientas para comprender el mundo, entender los factores que limitan la igualdad de oportunidades y participar en la transformación social. Una educación de calidad es esencial para construir bienestar, promover el empleo digno y proteger los derechos humanos. Además, brinda herramientas para enfrentar desafíos como el cambio climático y la digitalización, que redefinen el contexto global.
De allí que sea fundamental fortalecer la formación de capacidades para la vida y el trabajo, ya que estas habilidades no solo preparan a las personas para afrontar los retos cotidianos del presente y el futuro, sino que también abren oportunidades para la movilidad social y el mejoramiento de la calidad de vida.
Reconocer la educación como eje central del desarrollo sostenible permite construir políticas públicas y sistemas educativos que respondan a los retos globales y locales.
En muchos países, incluido Panamá, persisten brechas profundas de acceso y calidad educativa, especialmente entre zonas urbanas y rurales, y entre grupos tradicionalmente excluidos. La pandemia de covid-19 agravó estas desigualdades, dejando a millones de estudiantes fuera del sistema y evidenciando la urgencia de cerrar la brecha digital.
Para avanzar en la transformación de las sociedades desde las aulas, es necesario promover políticas que garanticen la equidad y la inclusión. Esto implica invertir en infraestructura educativa y conectividad digital; capacitar a docentes en metodologías innovadoras y en el uso de tecnologías; y fomentar currículos que integren el pensamiento crítico, la ciudadanía global y el desarrollo sostenible. Asimismo, es fundamental que la educación prepare a las personas con las competencias que demanda un mercado laboral en constante evolución, contribuyendo a que las economías crezcan de manera más equitativa.
En Panamá, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha acompañado de manera estratégica la modernización del ecosistema educativo y técnico-profesional, impulsando procesos de innovación, fortalecimiento institucional y adecuación de la formación a las necesidades reales del mercado laboral. Mediante el apoyo técnico al Ministerio de Educación —en el marco de un programa financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo— se han impulsado evaluaciones educativas innovadoras, la modernización de los sistemas de información y mecanismos de formación docente basados en evidencia, promoviendo una educación más inclusiva, digitalizada y alineada con las competencias que demanda una economía en transformación.
A través de un proyecto con el Instituto Técnico Superior Especializado, en alianza con UNESCO y financiado por CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, se avanza en la consolidación de un modelo académico técnico más pertinente, inclusivo e innovador, orientado a conectar a los estudiantes con oportunidades de empleo y emprendimiento. Este esfuerzo se complementa con el apoyo brindado al Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano, para modernizar la formación profesional, actualizar currículos, fortalecer instructores y ampliar el acceso mediante modalidades móviles y digitales, que beneficiaron a más de 150,000 personas en 2025, incluyendo mujeres en sectores no tradicionales y jóvenes de áreas rurales.
El PNUD también ha apoyado al país en el fortalecimiento de las capacidades del sistema educativo y de innovación, colaborando con la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) en el desarrollo de la primera Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, así como en la modernización y articulación del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación.
Este trabajo se complementa con el apoyo brindado a SENACYT en la implementación de la Estrategia Nacional de Semiconductores, una hoja de ruta que impulsa la diversificación productiva, la formación de talento especializado y la inserción de Panamá en las cadenas globales de valor de alta tecnología.
Estas alianzas reflejan un compromiso común: que la educación y la innovación sean motores para un crecimiento más equitativo, sostenible y resiliente en Panamá.
Invertir en educación para el desarrollo es sembrar esperanza y transformar realidades. Las autoridades, empresas, familias y comunidades deben trabajar de manera conjunta para priorizar la educación como motor de cambio social y construir sociedades más resilientes, innovadoras y justas, donde cada persona tenga la oportunidad de aportar y prosperar.
La autora es Representante residente PNUD Panamá.


