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Dos ópticas, un país

Desde 2011 este país no ha tenido sosiego. Por las razones que sean, y son muchas las que se podrían citar, los ataques y las inculpaciones mutuas entre fuerzas políticas (muchas de ellas en un contexto de competencia comercial) han ocupado un plano de mayor atención, que los desafíos que enfrenta Panamá.

Luego, la confrontación ha sido privilegiada por encima de los acuerdos, las desavenencias en lugar de los consensos, ciertas acciones violentas en lugar del diálogo ¿Puede el país seguir así?

Cada elección quinquenal debe ser una oportunidad que se da la Nación para superar sus asimetrías económicas, políticas y sociales, sin que ello implique ceder ante factores tan negativos como la corrupción o el abandono de inversiones oficiales millonarias, que también es una forma de corrupción. Pero en ello se va, de manera muy significativa, la forma como se aborden estos problemas.

Me ha llamado la atención el alivio y la casi ilusión con la que sectores importantes de la sociedad recibieron el determinante anuncio formulado por el presidente electo, José Raúl Mulino, la noche de su proclamación, cuando dio por terminada la persecución política, que tanta inestabilidad produjo en los últimos años. Tampoco hubo persecución en el quinquenio de Nito Cortizo, por el contrario, la tolerancia primó sobre el éxtasis que produce la persecución en los que claman venganza. Porque una cosa es atacar la corrupción, y otra privilegiar esa acción por encima de tareas urgentes como la pobreza, el desarrollo regional o el cambio climático. Aun cuando estos temas fueron ejes en la agenda del gobierno saliente de Laurentino Cortizo Cohen, pareciera que existen sectores interesados en mantener la confrontación política como tema esencial en la agenda del país.

Mientras que internacionalmente, los competidores de Panamá observan con atención y casi que con admiración, los logros de este pequeño país, a lo interno pareciera subsistir casi que con obsesión una guerra intramuros que solo reduce las posibilidades de ascenso y desarrollo de la Nación. Tanto en las comparecencias de Laurentino Cortizo Cohen como en las recientes de Mulino, se subraya “el gran país” que es Panamá, sin que ello signifique borrar las fronteras programáticas de ambos jefes de Estados.

Es dable pensar que la visión de Nación de Mulino es la segunda oportunidad que se da Panamá para superar sus diferencias. La primera fue la de Cortizo, y casi que algunos sectores sumen el país en el caos. Mulino revela otra óptica, quizás desconocida por los que propiciaron su detención en 2014, o cuestionaron su propuesta de blindar el país contra el narcotráfico. Mulino es un hombre de Estado, pero no tiene nada de complaciente.

El autor es periodista.


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