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Desafíos nacionales ante la baja natalidad

Menos nacimientos, más futuro en riesgo

La baja natalidad va más allá de lo demográfico; constituye un desafío clave para el desarrollo, la seguridad social y la competitividad de Panamá.

Los problemas graves suelen surgir sin ruido ni protestas, pero sus consecuencias son profundas y duraderas. La publicación de La Prensa sobre los nacimientos en Panamá destaca una caída acelerada de la natalidad, un fenómeno que requiere atención nacional. Mientras el país se ocupa de asuntos como el agua, el empleo y la seguridad, los nacimientos bajaron de 77 mil en 2018 a menos de 60 mil en 2024, una disminución superior al 22% en apenas seis años. Esta tendencia es estructural, no temporal.

El impacto de la transición demográfica

Todos esos problemas son reales y deben enfrentarse con urgencia. Sin embargo, existe una paradoja que rara vez forma parte del debate nacional. Resolver los problemas del presente sin atender la sostenida reducción de los nacimientos puede convertirse en un contrasentido histórico. Cuando los efectos más profundos de esta transición demográfica se manifiesten plenamente, podríamos encontrarnos con un país más envejecido, con menos trabajadores, menos contribuyentes, menor dinamismo económico y crecientes dificultades para sostener sus instituciones. En otras palabras, podríamos haber resuelto parte de los desafíos inmediatos sin garantizar la viabilidad del Panamá del futuro.

Durante años preocupaba cómo alimentar, educar y emplear a una población en crecimiento. Ahora, muchos países buscan sostener sus economías, servicios y cohesión social frente a la disminución de los nacimientos y el envejecimiento poblacional.

La experiencia internacional demuestra que la baja natalidad no responde únicamente a factores económicos. Aunque criar hijos implica costos elevados, también influyen factores culturales como la urbanización, la creciente participación femenina en el mercado laboral, la prolongación de los estudios, la maternidad tardía y nuevas formas de realización personal.

Limitaciones de las políticas tradicionales

Estamos frente a una transformación civilizatoria. Por ello, resulta ingenuo pensar que la tendencia puede revertirse simplemente mediante subsidios o incentivos económicos. La experiencia de Europa, Japón y Corea del Sur demuestra que incluso políticas públicas multimillonarias apenas logran desacelerar parcialmente la caída.

La pregunta relevante no es si Panamá volverá a registrar los niveles de natalidad del siglo pasado. Probablemente no. La verdadera pregunta es si estamos preparados para administrar inteligentemente las consecuencias de este cambio. Y es allí donde la discusión adquiere una dimensión estratégica.

La demografía como asunto estratégico y de seguridad nacional

Así como durante décadas el mundo subestimó los riesgos ambientales y hoy reconoce la necesidad de políticas de sostenibilidad ecológica, Panamá debe comenzar a incorporar la variable demográfica dentro de su planificación nacional de largo plazo.

La reducción sostenida de los nacimientos afectará prácticamente todos los sectores del país. Impactará el sistema educativo, que verá disminuir progresivamente su matrícula. Transformará la demanda de servicios de salud, con un aumento de enfermedades crónicas, mayor dependencia funcional y crecientes necesidades geriátricas.

También tendrá repercusiones sobre la sostenibilidad general de la seguridad social. Aunque las reformas recientes han introducido ajustes importantes, una economía con menos trabajadores, menor masa salarial y menor crecimiento de la población económicamente activa limita la capacidad de generar ahorro previsional suficiente y reduce el dinamismo económico que sostiene el sistema de protección social.

Asimismo, alterará el mercado laboral y modificará las prioridades políticas y sociales de la nación. En consecuencia, la demografía debe dejar de verse como una simple estadística y comenzar a tratarse como un asunto de seguridad nacional. No se trata de alarmismo. Se trata de planificación.

La posición geográfica y la seguridad nacional geográfica

Panamá cuenta con una ubicación estratégica que impulsa su economía mediante el Canal, los puertos, la logística, los servicios marítimos, la conectividad aérea, las telecomunicaciones y el comercio internacional. Sin embargo, la geografía no garantiza prosperidad duradera si no se traduce en capacidades nacionales sólidas.

Por ello, propongo incorporar este desafío dentro de un concepto más amplio de Seguridad Nacional Geográfica (SNG): la obligación del Estado de utilizar responsablemente las rentas derivadas de nuestra posición estratégica para garantizar la sostenibilidad económica, social y humana de la nación.

Tradicionalmente hemos asociado la seguridad nacional con fronteras, defensa o soberanía. Pero en el siglo XXI también debemos proteger aquellos factores que determinan la viabilidad futura del país. La demografía es uno de ellos.

Capital humano y sostenibilidad

Existe una analogía esclarecedora: así como hoy entendemos que sin agua no hay Canal, debemos comenzar a comprender que sin capital humano suficiente tampoco habrá capacidad para sostener la economía que depende de nuestra posición geográfica. La demografía es al capital humano lo que la cuenca hidrográfica es al Canal.

Sin una población suficiente, capacitada y productiva, ninguna ventaja geográfica puede sostenerse indefinidamente.

El reto tecnológico y la productividad

El avance tecnológico está transformando el trabajo mediante la inteligencia artificial, la automatización y el análisis de datos. Una menor población no necesariamente debilita la economía si aumenta la productividad, pero ello exige transformar profundamente el sistema educativo.

Es fundamental formar jóvenes para sectores como la logística inteligente, la ciberseguridad, la biotecnología y los servicios globales, en lugar de prepararlos para empleos que pronto podrían desaparecer. El riesgo real no es tener menos jóvenes, sino educarlos para trabajos que dejarán de existir.

La urgencia de una visión a largo plazo

La transición demográfica no constituye una crisis inmediata, pero sus efectos acumulativos pueden volverse críticos con el tiempo. Panamá debe iniciar un diálogo nacional sobre población, envejecimiento, tecnología y desarrollo, sin imponer modelos familiares ni visiones ideológicas.

El futuro del país dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Ignorar los problemas estructurales solo incrementa sus costos futuros. Por ello, la sostenibilidad poblacional debe incorporarse a la Seguridad Nacional Geográfica. La riqueza de Panamá solo podrá mantenerse si cuenta con suficiente capital humano capacitado para enfrentar los desafíos tecnológicos del siglo XXI.

Los trabajadores, emprendedores, científicos y líderes que necesitará el país dentro de treinta años se están formando hoy. Y una parte de ellos, sencillamente, ya no está naciendo.

El autor fue ministro de Salud, de Vivienda y director de la CSS.


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