Panamá está redescubriendo su potencial urbano y turístico. Durante años, el país se apoyó en el Canal, el comercio y la conectividad aérea como pilares económicos. Pero hoy, una nueva tendencia global, el turismo urbano basado en la regeneración de espacios públicos, está abriendo oportunidades que Panamá ya comienza a aprovechar. Y lo está haciendo desde tres frentes complementarios: ciudad caminable, turismo religioso y captación de viajeros en tránsito.
Las cifras lo demuestran. El proyecto Casco Peatonal, impulsado por la Alcaldía de Panamá, superó los 800 mil visitantes en su primer año, generando entre 14.5 y 15 millones de dólares en derrama económica. Esta iniciativa, que convierte el Casco Antiguo en un espacio exclusivo para peatones el último fin de semana de cada mes, ha revitalizado comercios, restaurantes, galerías y emprendimientos culturales. Más importante aún, ha devuelto las calles a la gente, demostrando que una ciudad caminable es una ciudad atractiva.
Casco Peatonal: un modelo urbano que funciona
El éxito del Casco Peatonal no es casual. Su programación cultural —Noche en Blanco, Calle de los Sombreros, Calle de las Molas, La Playita— ha convertido al Casco Antiguo en un laboratorio urbano donde el espacio público se activa, la economía local florece y la identidad cultural se fortalece.
Tres beneficios destacan:
Impulso económico directo a emprendedores, artesanos y comercios.
Mayor seguridad urbana, gracias a la ocupación positiva del espacio.
Revalorización del patrimonio, que se convierte en experiencia turística.
Este modelo demuestra que el ordenamiento territorial no es un documento técnico: es una herramienta para transformar la vida urbana y atraer visitantes.
Turismo religioso: tradición que mueve economía
A este impulso se suma un fenómeno con enorme potencial: el turismo religioso, especialmente durante la Semana Santa. La comunidad católica panameña ha consolidado procesiones, conciertos sacros y rutas históricas que atraen a miles de visitantes nacionales y extranjeros.
Las celebraciones en la Catedral Basílica Santa María la Antigua, las procesiones del Casco Antiguo y las actividades culturales asociadas generan:
Afluencia masiva a templos y plazas históricas.
Consumo en comercios locales.
Interés cultural y patrimonial.
El turismo religioso es un segmento de alta fidelidad, bajo impacto ambiental y fuerte conexión emocional. Integrarlo a la estrategia urbana con rutas peatonales, señalización y narrativas históricas puede convertirlo en un motor turístico permanente.
Convertir escalas en experiencias
El tercer pilar de esta nueva visión turística es la estrategia Stopover in Panama, de Copa Airlines, desarrollada junto a la Autoridad de Turismo de Panamá. Este programa permite que pasajeros en tránsito permanezcan en el país entre 24 horas y 15 días sin costo adicional, convirtiendo una escala en una oportunidad de exploración.
El impacto es claro:
Aumenta la probabilidad de que un viajero en tránsito se convierta en turista.
Diversifica la oferta turística hacia experiencias urbanas, culturales y gastronómicas.
Conecta directamente el aeropuerto con la ciudad, el Casco Antiguo y los nuevos espacios públicos.
El stopover convierte a Panamá en un destino accesible, espontáneo y competitivo. Y si la ciudad ofrece espacios caminables, actividades culturales y experiencias religiosas o patrimoniales, la probabilidad de que el visitante regrese o recomiende el destino se multiplica.
Una estrategia urbana que beneficia a todos
La combinación de regeneración urbana, turismo cultural-religioso y captación de viajeros en tránsito ofrece una oportunidad única para Panamá. El país puede posicionarse como un destino donde la historia, la fe, la gastronomía, el arte y el espacio público se encuentran en un mismo recorrido.
Para consolidar esta visión, Panamá debe:
Integrar estas iniciativas en los Planes de Ordenamiento Territorial.
Conectar el Casco Antiguo con otros barrios mediante rutas peatonales y ciclovías.
Fortalecer la señalización turística y la narrativa histórica.
Impulsar alianzas entre la Alcaldía, la Iglesia, la ATP, Copa Airlines y el sector privado.
Panamá ya está dando señales de transformación. Ahora toca convertirlas en una estrategia permanente que haga de la ciudad un destino, no solo un punto de paso.
El autor es exministro de Vivienda y estudiante de Maestría en Ordenamiento Territorial para el Desarrollo Sostenible/Universidad de Panamá.

