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Debita cultura

Desde nuestro rol concientizador de la riqueza cultural del Istmo de Panamá, hacemos un breve recuento de nuestro patrimonio cultural educativo. Decía el doctor Octavio Méndez Pereira: “El ideal de la educación consiste en preparar a los hombres para trabajar unidos y con eficiencia por el bien individual y el bien colectivo”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (Unesco) -organización con un relación de al menos 72 años con el Estado panameño-, resalta que el patrimonio cultural son aquellas obras de arquitectura, escultura o pintura con un valor excepcional desde el punto de vista histórico, existiendo distintas tipologías de patrimonio, entre ellas, el patrimonio inmueble. Desde el punto de vista estructural y en el marco del contexto para el que fue diseñado un edificio, la Unesco indica entre los parámetros de preservación, que el patrimonio histórico es aquel monumento, bien mueble o inmueble que sean testimonio del pasado panameño, reafirmando el contenido del artículo 85 del Título III de la Constitución Nacional.

Revalorizamos los pilares de la educación panameña. A través del patrimonio cultural inmueble, podemos narrar su historia y el legado de nuestros maestros. La primera edificación educativa fue la Universidad de San Francisco Javier (1749), ubicada en los predios de la hoy Avenida A. En esta institución se expidieron titulaciones en filosofía, teología y escolástica. Ello ocurrió al menos por 18 años, hasta la sanción y expulsión de los jesuitas en 1767.

Más tarde, en la naciente República de Panamá, se establecería en el artículo 133 de la Constitución de 1904 la instrucción primaria pública obligatoria y gratuita, abriendo así el compás para acceder a educación a miles de panameños. Para 1907, abre sus puertas el Instituto Nacional, institución con una robusta propuesta formativa para los panameños. Se le considera ‘la escuela más monumental del país’, diseñada por el arquitecto italiano Genaro Ruggieri. ‘El Nido de Águilas’ sirvió como primera sede de escuelas superiores, siendo precursor de la Universidad de Panamá (1935). También declarado patrimonio cultural de la Nación en 1971, es escenario de gestas y movimientos estudiantiles que cambiaron el rumbo de nuestra historia.

La escuela Presidente Porras (1924), representó la primera escuela “modelo” con una visión futurista. Inspirado en la arquitectura escolar estadounidense, el arquitecto Leonardo Villanueva Meyer diseñaría este plantel educativo que prometía a la comunidad de Las Tablas ofrecer los más altos estándares educativos. En 1998 se declara Monumento Histórico Nacional.

La escuela Normal de Santiago (1939) es uno de los primeros edificios monumentales de Provincias Centrales. Es también el primer centro destinado a la formación de educadores en el interior de la República. Esta obra fue construida de la mano del ingeniero Luis Caselli y el escultor Rodríguez de Villar. Llama la atención su fachada y opulencia.

No cabe duda que las obras que albergan las escuelas son joyas de valor incalculable. El Instituto Nacional alberga murales históricos como el de Carlos Palomino, “Donde se fundan las águilas” y la Normal de Santiago, con los murales de Roberto Lewis, que representan episodios fundamentales de nuestra historia. Por desgracia, en el reciente panorama nacional, nos encontramos con episodios funestos como la desaparición de los libros de la biblioteca del Instituto Nacional y el deterioro de la fachada de la Normal de Santiago, ambos inmuebles considerados Monumentos Históricos de la Nación. Los directores de estas instituciones deben ser formalmente capacitados en la conservación al patrimonio histórico. Evitemos repetir la historia.

En Jóvenes Unidos por la Educación consideramos de vital importancia mantener vigente nuestro patrimonio cultural, preservándolo, compartiéndolo y educándonos cada día más. Son una fuente primaria por excelencia que preservan los orígenes de nuestra identidad nacional y marcan el rumbo hacia dónde vamos. La preservación de nuestro patrimonio histórico es una responsabilidad compartida por todos los ciudadanos. Es importante concientizar a la comunidad educativa y en especial a los estudiantes, que estudian en un Patrimonio que nos pertenece a todos y que tienen la importante obligación de ser los primeros en cuidarlo y preservarlo. ¡Así también se hace Patria!

El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana 2021.


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