Hay que insistir: Panamá, como sociedad civil, necesita criterio para ser crítica, y el criterio se obtiene directamente de la lectura y la reflexión, tan ligados a la comprensión lectora que, vista la poca capacidad del grueso de la sociedad en ese rubro, nos vemos prácticamente vendidos a la rambulería ignorante de las redes sociales, los pésimos periodistas, y los todavía peores críticos de estos, que se sacan sus maromas pseudointelectuales de lo más absurdo y abyecto de videos generados o no por IAs más idiotas que cualquier ser humano.
Es tal la bajeza intelectual, tanto en hondura como en su carácter moral, que lo más que se puede decir es que «miles de personas leen esto», intentando señalar que, no es solo el mentiroso de turno el que escribe exabruptos, sino que a veces miles de personas siguen a esos paladines del ciberespacio, defensores de su posición obtusa, pero que tienen miles de palmeros que les encanta leer verdaderas barbaridades sobre la actualidad. Allá ellos, claro, pero hay que tener cuidado con denigrar el criterio.
Panamá no es distinta a otras sociedades, donde cabalgan estos Jinetes del Apocalipsis, pero no es necesario ser como todo el mundo, además, mal de muchos consuelo de tontos, pero nos encanta serlo, y decir barrabasadas sin pensar, exhibiendo banderitas y mala ortografía, lo que, seguro, es del agrado de los de siempre, de los que aprueban leyes en la Asamblea para que puedas cambiar tu soda por agua, pero no son capaces de arreglar o hacer que se arregle el problema del agua que lleva destrozando vidas en tantas regiones de nuestro país.
Necesitamos más crítica. Un país donde todo vale, donde, como dice el tango «lo mismo da un burro que un gran profesor», es un país que seguirá aguantando, cíclico y servil, a los mismos corruptos de siempre, de todos los colores políticos y todos los tipos de leche que existan en el mercado de la ignorancia.
El autor es escritor

