Abril 26 de 1986. Hace 40 años hoy. En Ginebra, la experiencia no se centró en una explosión cercana o inmediata, sino en el cielo mismo. Una sensación de un paisaje hermoso pero saturado de algo invisible muy temeroso, según la meteorología en TV noticias suizas.
Las noticias provenientes de países escandinavos daban cuenta de que Rusia no quería admitir que había sufrido un accidente catastrófico en una planta nuclear en su posesión ucraniana.
La Ginebra previa a la nube
Nuestra rutina diaria corría sin exabrupto: realizar diligencias en la Oficina, representar a nuestro país ante la ONU, tareas de doctorado, procurar clases de Francés a mi esposa, recoger a Pablito del prekinder, comprar el kilo (bola) de pan centeno.
La llegada invisible
Las noticias frente al cielo: En el momento en que llegaron a Suiza los informes del accidente, estábamos desayunando. A través de nuestras ventanas, el cielo parecía “normal”.
El movimiento de las nubes
Los patrones climáticos sobre Europa se convirtieron en fuente de ansiedad. Los informes meteorológicos seguían el viento y la lluvia como si fueran invasores.
La explosión del reactor #4 de la planta cercana a Kiev lanzó material radiactivo miles de pies en el aire.
Eso nos llevó a comprender que las fronteras geográficas o políticas (como la frontera suiza) no ofrecían protección alguna contra una nube radioactiva que el viento sólo sabe hacia dónde va. El nivel de contaminación ha sido estimado a 900 veces más alto que en Hiroshima (DW News).
La vida cotidiana contaminada
Las señales de alerta: Comenzaron a aparecer avisos de salud pública en Ginebra: restricciones para beber leche, comer verduras de hoja verde o dejar que los niños jugaran en el césped. En los supermercados sonreímos al ver plátanos de Panamá.
La lluvia pasó de ser fuente de vida para los Alpes a fuente de contaminación.
El costo psicológico fue vivir en una hermosa ciudad donde la “amenaza” es invisible e insípida.
Este cambio radical transformó nuestra perspectiva sobre la tecnología, el medio ambiente y la fragilidad de una vida estable en Europa o en cualquier parte del mundo cercana a una planta de energía nuclear.
El legado: Cuarenta años después, Chernóbil sigue siendo hoy día inhabitable..
Sin embargo, algo positivo crece en medio y debido a la tragedia transfronteriza.
Luego de semanas de ocultar a la población ucraniana y rusa y al mundo entero acerca del accidente nuclear, el Gobierno ruso encabezado por Mikhail Gorbachev se abrió a recibir ayuda y consejos técnicos de los Estados Unidos.
Ronald Reagan accedió a abrir un canal ruso-americano de colaboración técnica en asuntos de Seguridad de reactores atómicos de energía. Algo inaudito en medio de la Guerra Fría. Un paso al más allá de la confrontación, en otra dirección: es posible colaborar entre rivales geopolíticos e ideológicos. La necesidad es madre del entendimiento, y de la convivencia pacífica ?
La respuesta esta en el centro de nuestro actuar diplomático. Sostuve deslindar la diplomacia panameña de los auto llamados No Alineados pues seguían la ruta de Moscú durante mi recorrer de ONU en los 80s.
Gorbachev tuvo más coraje en deslindarse de consignas dogmáticas y tomó el riesgo de pedir apoyo de Occidente en un momento que determinó la viabilidad del proyecto socialista. Chernóbil nos enseñó a todos que nadie es indispensable y que todos nos necesitamos mutuamente para sobrevivir en el planeta.
¿Tomará una invasión de marcianos para que enfoquemos nuestras armas a un enemigo común?
Chernóbil me ayudó a encontrar la Cooperación Internacional en la Seguridad Técnica de Reactores Nucleares como mi tesis doctoral en el Institut d’Hautes Etudes Internationales de Ginebra. Luego el Director General de la IAEA (atómica de ONU), Hans Blix se sumó a mi empeño. Ha sido una jornada completa. Desde ciudadano amenazado por radiación hasta investigador de cómo manejar lo impredecible.
Hoy día Rusia y Ucrania persiguen quién puede eliminar más niños. Israel y Hezbollah tratan de esconder poblados de su propia letalidad. En Sur Sudán la riqueza petrolera se burla con la muerte de cientos de miles por inanición.
En todas estas crisis esta la mano negociadora de árabes del Golfo y socios como Lockheed, BAE, ingleses, alemanes, saudíes, Catar, Dubai sacando ventajas vendiendo armas para dejar esperanzas inertes.
¿Se puede sacar ganancias si invertimos en proyectos e infraestructuras de paz, en lugar de armar a ambos bandos?
El autor es exrepresentante de Panamá en la ONU.
* Hans Blix fue el Inspector de ONU que determina en 2003 que Sadam Hussein no poseía “armas de destrucción de masas”. Pero, igual, lo Estados Unidos iniciaron la guerra contra Irak.

