Nicaragua ha vivido seis días de una verdadera insurrección popular iniciada por jóvenes estudiantes autoconvocados a una protesta pacífica, que al ser reprimida con violencia tanto por los grupos de choque paramilitares como por la propia Policía Nacional ha resultado en decenas de jóvenes asesinados con fusiles de guerra cargados con balas de verdad.
En unas pocas horas, el panorama político ha cambiado radicalmente, y tal como lo expresó un amigo, “el país vive ahora una oleada democratizadora cuyo impulso vital lo ha puesto la sangre de los jóvenes asesinados”.
Daniel Ortega ha cruzado muchas rayas rojas en tan poco tiempo durante estos álgidos días, comenzando el pasado 19 de abril, pero la más importante es haber disparado contra su pueblo, tal como lo hizo Somoza.
A manera de comparación histórica: la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959 que perpetró la guardia somocista en León contra una marcha de jóvenes de la UNAM que se dirigía a protestar al comando local, dejó como saldo fatal 4 estudiantes asesinados y 60 heridos.
Enardecida la juventud, y llena de una energía inspiradora, ha hecho ondear la bandera azul y blanco de Nicaragua donde antes estaban los megarrótulos de culto a la personalidad de la pareja presidencial, en algunas alcaldías bajaron la bandera partidaria y han dejado ondeando únicamente la azul y blanco, y reemplazaron en el cuello de la estatua de Sandino en Niquinohomo, la bandera rojinegra del partido sandinista, colocando en su lugar la bandera nacional.
También han quemado y botado estrepitosamente varios inmensos árboles de lata que han sido el símbolo esotérico y fachadista del actual gobierno, que plagan los cuatro puntos cardinales de la capital.
En esta insurrección cívica que aún no termina, hemos observado escenas que jamás se han visto ni en las películas, como la población civil en actitud cristiana y solidaria, devolviendo a los supermercados Palí el botín que los vándalos, ante la vista y paciencia de la Policía, se habían llevado a sus casas.
El pueblo nicaragüense ha dado al mundo una muestra de civismo que nos enorgullece a todos y estos jóvenes estudiantes le han dado a la nación un ejemplo que cambiará nuestra historia para bien.
Gracias a la tecnología moderna, toda persona con un celular es hoy un reportero, por ello, todo ha quedado documentado en videos y compartido miles de veces por medio de WhatsApp, una aplicación elemental para la comunicación masiva en estas situaciones, cuando el régimen controla la gran mayoría de las comunicaciones y ha ordenado el cierre de la señal de medios independientes como 100% Noticias, un medio con el que me solidarizo totalmente, así como la incendiada Radio Darío de León.
