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La Caja de Seguro Social (CSS) tiene una planilla de más de 33 mil empleados, de los cuales, el 45% son administrativos. En el surrealista mundo de la política interna de la institución, el actual director general mejoró los salarios de un puñado de colaboradores a niveles que superan el doble de la remuneración de su categoría e, incluso, exceden la compensación de funcionarios de más alta calificación profesional. El programa administrativo de la CSS lo pagamos los panameños con nuestros impuestos, y es el suculento botín que los políticos de cada administración ofrecen como premio a sus acólitos, o como recompensa a los diputados claves para la aprobación del presupuesto. La gigantesca burocracia que acompaña la labor de la CSS es, sin lugar a dudas, el síntoma más evidente de una enfermedad crónica: si los cargos no se asignan por mérito y en beneficio de los asegurados, es inútil cualquier reforma. Irónicamente, el programa administrativo de la CSS no tiene problemas financieros, como el de Invalidez, Vejez y Muerte ni tiene los problemas operativos que caracterizan el programa de Enfermedad y Maternidad. Reformar esta burocracia es un reto para buenos gobiernos y políticos decentes. Los demás hacen demagogia.

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