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Hoy por hoy

Es difícil creer que el presidente de la República desconozca las acciones del jefe de la Policía Nacional, un subalterno suyo. Pedirle al testigo protegido del caso pinchazos que retorne a Panamá para incorporarse al servicio envía un mensaje de complicidad con los que querrían hacerle daño, solo porque cumplió con su deber de denunciar hechos por los que ya hay dos personas condenadas. Jorge Miranda, en vez de guardarle fidelidad al país, a la institución y a sus compañeros, siente mayor empatía y fidelidad por sus antiguos jefes, en especial del periodo junio 2012-julio 2014, cuando fue director de Inteligencia de la Policía, precisamente los dos años del gobierno de Ricardo Martinelli en que se confirmó que se espiaron las comunicaciones sin que mediara autorización judicial. Pareciera que a Miranda le importa bastante poco que numerosos testigos declararon haber sido amenazados, y que algunos querellantes incluso han padecido agresiones físicas. Si el presidente quiere mirar a otro lado, no espere que el resto lo haga. Actos de semejante irresponsabilidad con la vida de panameños solo confiesan la incompetencia de Miranda para proteger y servir.

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