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Hoy por hoy

Dentro de la realidad del balance de fuerzas en la Asamblea Nacional, una diputada reconoce que las planillas deben existir, porque de esta forma se le puede ofrecer, a quienes trabajaron en la campaña o pertenecen a la comunidad, un puesto de trabajo. Ante la audiencia mañanera de la televisión, la novel parlamentaria asumió con total normalidad la prerrogativa de que con su curul tiene la potestad de hacer las designaciones. Con total naturalidad, el servicio público es considerado una regalía del poder. Estas declaraciones sobre las intenciones de la diputada indígena que se suponía representaba una voz distinta en la Asamblea Nacional, nos dejan claro a todos los ciudadanos cómo funciona el verdadero juego que practica la mayoría de los políticos panameños. No es que fueron sobornados con el ofrecimiento de planillas, ni los nombramientos fueron el resultado de una extorsión legislativa al poder ejecutivo; por el contrario, las planillas son, en la cosmovisión de los miembros de los partidos dominantes, un derecho natural, seguramente, al igual que la impunidad que les concede la Corte Suprema de Justicia, y que deben ser entendidos como una parte intrínseca de ser diputados. Esto tiene que cambiar.

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