El proceso electoral panameño tiene muchas virtudes de las que debemos estar orgullosos. Pero igualmente tiene un defecto que distorsiona la representatividad en las urnas. Por ejemplo, es intolerable que en Bocas del Toro, el 26% del voto obtenga las dos diputaciones del circuito, y el restante 74% se quede sin representación. Este es el resultado del voto plancha. Una ventaja que favorece a los partidos más grandes. Este vicio es producido por la ley electoral, que cuando fue modificada en la Asamblea Nacional, gran parte de la sociedad fue indiferente ante lo aprobado, y que ahora entendemos era para beneficio de los diputados. Es justo que se investiguen y castiguen todas las irregularidades y abusos cometidos en las elecciones del domingo pasado. Sin embargo, si queremos evitar el rechazo de la elección de figuras cuestionadas, que se aprovechan del sistema, debemos participar y vigilar las deliberaciones de las próximas reformas electorales. Solo así evitaremos nuevas frustraciones.
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09 may 2019 - 05:00 AM
