La publicación completa de las planillas y donativos de la Asamblea Nacional, junto con el escándalo de los fondos de Pandeportes que fueron blanqueados por federaciones corrompidas y organizaciones brujas, para beneficiar a diputados, nos recuerda el rostro repugnante del clientelismo. En el nombre de atender las necesidades infinitas de los votantes, los políticos se aprovechan en campaña para entregar bienes o dinero a cambio de los votos. Una vez electos, las voraces maquinarias electoreras necesitan de nuevos fondos para mantenerse activas. Esa regaladera de dinero público, es decir, de los impuestos que todos pagamos, causa la escasez de medicinas, la mala situación educativa del país, los sobrecostos de obras públicas y hasta las contrataciones innecesarias. El cinismo y la corrupción practicadas por los electores son la contraparte de la gran corrupción que impera en buena parte de la política panameña. “¿Qué hay pa’ mí?”, parece ser el razonamiento que hace una parte importante de la población. Esa mentalidad ha convertido al Estado en un bazar y a la democracia en un negocio para el mejor postor.
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30 abr 2019 - 05:00 AM
