A días de las elecciones generales, los diputados de las principales bancadas muestran sus verdaderos colores. Como si se necesitara una confirmación de la indiferencia con la cual se consideran los asuntos más serios del país, nuevamente la Comisión de Credenciales fue incapaz de hacer el cuórum reglamentario para considerar la ratificación o rechazo de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia. La crisis de la política panameña tiene muchas raíces, sin embargo, un gran porcentaje se debe a decisiones personales de corte egoísta de los protagonistas de esta trama. Por más de 15 meses, la Asamblea Nacional ha impedido que se renueve la Corte Suprema, todo con el propósito de negociar prebendas e inmunidades. Semejante descaro solo indica que la mayoría de los diputados sigue en su nube, totalmente divorciada de la realidad y de las auténticas necesidades de este país. Un saco de cemento, una bolsa de comida o un puñado de dólares a cambio de un voto son llaves que abren las mazmorras de un país corrupto, un gobierno mediocre y una sociedad desesperada. ¿Para qué quieren ser diputados, si tanta indiferencia les producen los asuntos de Estado? La respuesta es que no lo hacen para el bien común, sino para servirse a manos llenas.
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24 abr 2019 - 05:00 AM