En las pocas semanas que le restan al mes de abril, y los primeros días de mayo, se presenta una apretada agenda de inauguraciones y cortes de cinta de proyectos emblemáticos del actual gobierno. Esto incluye la línea 2 del Metro, la terminal 2 del aeropuerto de Tocumen, el centro de convenciones de Amador, la reapertura del Teatro Nacional y una variopinta patronal de entregas de proyectos de vivienda y de otras infraestructuras públicas. Existe un gran denominador común de todos estos cortes de cinta: el tufillo de promoción gubernamental antes del 5 de mayo. Sin embargo, a pesar de lo cuestionable que es este hecho, hay una realidad más preocupante. Muchas de las obras entregadas tienen detalles por terminar o incluso se encuentran incompletas, o, como en el caso del centro de convenciones de Amador, enfrentan la necesidad de corregir centenares de fallas, que reclamarían una decisión sensata de posponer la ficción de una inauguración prematura y con una larga lista de pendientes. La mentalidad politiquera de planificar de manera infantil la gestión del Estado, para que las inauguraciones coincidan con los días anteriores a las elecciones y que no se extiendan del final del periodo del gobierno, nos somete, como país, a la improvisación y al despilfarro. Es decir, nos condena irremediablemente al subdesarrollo.
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14 abr 2019 - 05:00 AM
