Nelson Carvajal era un maestro y director de escuela en el pueblo de Pitalito, departamento de Huila, en Colombia. Carvajal era también periodista radial, de los que se gastan la suela de los zapatos denunciando la corrupción y los problemas que abrumaban a su comunidad. El 16 de abril de 1998, tres sicarios lo asesinaron cuando salía de su trabajo. Nunca se resolvió el crimen, y por el contrario, su viuda y sus hijas tuvieron que abandonar Colombia por las constantes amenazas recibidas. Como muchos otros periodistas latinoamericanos, Carvajal exigía la rendición de cuentas por obras gubernamentales inacabadas, a la vez que le dio voz a ciudadanos vulnerables y oprimidos por todo tipo de intereses y poderes. En 2018, por primera vez en su historia, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a un Estado por el asesinato de un periodista en el ejercicio de su profesión. La Corte IDH ordenó la realización de una ceremonia pública “con el fin de reparar el daño causado a la víctima y de evitar que hechos como los de este caso se repitan”. Ayer, el Estado colombiano se disculpó por este crimen durante la realización de la reunión semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Cartagena. Aunque la muerte de Carvajal sigue impune, ya empezó la justicia del caso. Los ataques contra los periodistas siempre constituyen una afrenta contra la libertad y la dignidad de todos.
Exclusivo
Hoy por hoy
30 mar 2019 - 05:00 AM
