La tala ilegal de madera de los bosques y áreas protegidas de Panamá este y Darién es un negocio sumamente rentable. Esta actividad se realiza con total descaro ante la incapacidad de las autoridades, que carecen de los recursos o de la voluntad política para combatir este delito. A tal punto llega esta impunidad, que madera confiscada por parte del Ministerio de Ambiente en la zona comarcal guna de Madugandí fue desaparecida en cuestión de días, ya que las autoridades no fueron capaces de asegurar las tucas decomisadas. En Darién se utilizan todo tipo de estrategias y prácticas para extraer maderas preciosas, devastando la provincia más biodiversa del país, y acabando con un tesoro natural. El sistema de controles y autorizaciones forestales está colapsado. El Ministerio de Ambiente tiene sobre sus hombros responsabilidades demasiado complejas y sensibles que requieren de talento humano y de capacidades ausentes en esa entidad. Por décadas, los panameños hemos sido testigos de cómo se ha deforestado una parte importante de la cuenca del Canal, la costa arriba de Colón, Bocas del Toro, Panamá este y Darién. No es un accidente ni una casualidad que las instituciones que deben prevenir esto sean débiles. Es una vergüenza que el 97% de la madera que se tala ilegalmente en el país provenga de Darién. La naturaleza, como otros bienes públicos, está secuestrada por la politiquería y la corrupción.
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23 mar 2019 - 05:00 AM
