Con la implementación de las reformas electorales existía la esperanza de que, por primera vez, se incrementara la participación de la mujer en las diferentes papeletas, especialmente cuando más de la mitad del padrón electoral está compuesto precisamente por mujeres. Con gran decepción hemos observado, por ejemplo, que en la carrera por controlar la Asamblea Nacional para el próximo quinquenio tan solo el 17.6% de las postulaciones para las diputaciones principales son ocupadas por personas del género femenino. Esta cifra es un reflejo de la poca importancia que a este tema le presta nuestra joven democracia, sobre todo si tomamos en consideración que actualmente el 18.3% de los diputados son mujeres y en el período anterior esta cifra llegaba casi al 20%. En la historia moderna existen ejemplos de sobra que demuestran el liderazgo ejercido por mujeres, cuyo papel protagónico en la toma de decisiones de tipo político, económico y social ha contribuido en la construcción de mejores sociedades. Sin embargo, en Panamá las evidencias de que todavía existen barreras poderosas en las organizaciones políticas que impiden establecer verdaderas oportunidades para las mujeres son cada vez más palpables y tal pareciera que ni lo propios políticos, ni las autoridades han mostrado gran interés en garantizar una participación equitativa de la mujer en la política panameña.
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24 feb 2019 - 05:00 AM
