En los circos de antaño se presentaban payasos, tragasables y hasta domadores de fieras para atraer al público y producir ganancias. Los partidos políticos panameños han caído en una espiral de ridículo y desvergüenza que evoca los viejos espectáculos. Se han robado candidatos entre sí, haciendo que la que es diputada por un partido, sea nominada por otro, pero sigue respaldando al candidato de su partido original; un emblemático alcalde y su rebaño se cambian de tolda con una facilidad milagrosa; mientras que en el partido que se considera favorito, sus dirigentes se han encargado de bajar a varios de sus candidatos ganadores en primarias, para conceder esa nominación, de a dedo, a otro afortunado. Los partidos nos demuestran que no son organizaciones de principios y propuestas, sino máquinas electoreras que buscan conseguir votos a toda costa para ganar cuotas de poder, subsidio electoral y perpetuar el circo. Si los ciudadanos respaldan estas trampas, nos habremos condenado al abismo de la corrupción y la demagogia. El vecindario latinoamericano está lleno de terribles ejemplos de cómo terminan los países cuando el circo manda.
Exclusivo
Hoy por hoy
08 feb 2019 - 05:00 AM
