Sin gloria, pero con mucha pena, concluyeron abruptamente las sesiones extraordinarias de la Asamblea Nacional. Los ciudadanos fuimos testigos del triste espectáculo del ausentismo, incluso de la bancada de gobierno, en que asuntos tan trascendentales como la designación de nuevos magistrados a la Corte Suprema de Justicia o la aprobación de un Código de Procedimiento Tributario, quedaron pendientes de la ronda de politiquería que se aproxima en los próximos meses. Tal vez, la peor de todas las omisiones fue el estancamiento en segundo debate del proyecto que tipificaría la evasión fiscal como un delito en Panamá. Esto no solo nos deja vulnerables a la presión de organismos internacionales, sino que puede acarrear la inclusión de Panamá en las nefastas listas de paraísos fiscales. Las consecuencias de semejante irresponsabilidad pueden incluir la pérdida de corresponsalías bancarias para las operaciones internacionales del centro financiero. Nada de esto le importó a la gran mayoría de diputados ni al Ministerio de Economía y Finanzas, que esperó hasta última hora para fustigar a la Asamblea. Este asunto debe ser tema de primer orden en las sesiones ordinarias que se inician en unos días. El costo de la irresponsabilidad política de los honorables diputados puede estrangular a un importante sector de nuestra economía. Ese no es el legado de políticos responsables.
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29 dic 2018 - 05:00 AM
