Uno de los aspectos más importantes de la función de gobernar es llevar adelante las relaciones exteriores del país. Los viajes presidenciales son esenciales para mantener una cordial relación con la comunidad internacional y a la vez impulsar la agenda nacional en el extranjero. Sin embargo, luego de, al menos, 63 viajes oficiales, el presidente Juan Carlos Varela ha mantenido la tendencia de sus antecesores, de limitar la información pública de los objetivos de las travesías, la conformación de la delegación oficial, las reuniones concertadas y hasta cómo se desplazó: si usó el avión presidencial, un vuelo comercial o una nave prestada o alquilada. Pareciera que los viajes presidenciales, más que cumplir con las tareas del Estado, fueran un ejercicio de pompa diplomática, que resta a los asuntos públicos del país el más valioso de los recursos de los líderes: el tiempo. Por mucho que se trate de gobernar a distancia, la ausencia física del mandatario distrae la atención a diversas prioridades nacionales. La situación se agrava, ya que los tres gobiernos más recientes se han caracterizado por tener como ministro de Relaciones Exteriores al vicepresidente de turno, dejando al país al garete con la ausencia simultánea de las cabezas del poder Ejecutivo. Frente a esto, los ciudadanos tienen derecho a saber dónde están y qué hacen sus gobernantes, y a exigir la rendición de cuentas por el uso de sus recursos.
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15 dic 2018 - 05:00 AM