El sector agropecuario, espina dorsal de la seguridad alimentaria del país, se encuentra arrinconado. La crisis de coyuntura tiene muchos cabos sueltos que giran en torno a promesas incumplidas y a la gestión de gobierno que ha llevado al agro panameño a una condición crítica. Los silos de arroz están llenos del grano importado, lo que no le da espacio a la producción nacional. A la vez, los laboratorios especializados que se necesitan para hacer los análisis para poder exportar carne no están aún en funcionamiento. Este es otro capítulo de la misma saga que en gobiernos anteriores tenía como protagonista la cebolla holandesa, y actualmente al arroz de Guyana. No hay transparencia en la institucionalidad agropecuaria, y las acciones de gobierno castigan y desalientan a la producción nacional. El agro no debe ser objeto de subsidios que solo mantienen una situación precaria, sino de inversiones estratégicas y la estabilidad de políticas públicas que faciliten la rentabilidad y la competitividad que le han sido negadas a este gigante en potencia de la economía panameña. No todo puede ser logística y turismo, ya que alguien tiene que producir lo que comemos. El sector agropecuario necesita respeto y hombres y mujeres que cumplan su palabra.
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13 dic 2018 - 05:00 AM
