En una democracia robusta, los aspirantes por la libre postulación estarían compartiendo sus ideas y deliberando sobre los grandes problemas nacionales para provocar la atención de la ciudadanía y recibir su respaldo. Actualmente, la recolección de firmas se ha convertido en una competencia que ensordece el debate. Mientras tanto, el Tribunal Electoral ha tenido que escalar la curva de aprendizaje de este novedoso proceso, algunas veces con tumbos, y otras con aciertos. Así como ha sido lamentable que se haya limitado el número de participantes por la libre postulación a solo tres por cargo de elección; es más lamentable enlodar la reputación del árbitro electoral a la ligera. El sistema de las “firmarias” necesita más transparencia y mucha más cautela, porque es una de las vías que mejor puede oxigenar a nuestra democracia. En el mundo de la libre postulación han proliferado aspirantes claramente identificados con partidos políticos, o incluso algunos que levantan serias sospechas de ser “quintas columnas”. Estos desafíos son insignificantes frente al gran daño que se le puede hacer a la institucionalidad electoral.
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28 nov 2018 - 05:00 AM
