En una democracia, el periodismo tiene la tarea fundamental de decirle la verdad a los poderes públicos y privados. No es de sorprender que cuando los políticos se ven cuestionados por el uso de nuestros impuestos o de los bienes públicos, recurran a culpar a los medios de comunicación por la existencia de supuestas campañas, la divulgación fuera de contexto de las declaraciones ofrecidas por el protagonista, o incluso negar que se les haya consultado. El periodismo investigativo, el reportaje crítico o la entrevista acuciosa no son mecanismos de distorsión de la realidad, sino microscopios que exhiben y exponen la verdadera naturaleza del objeto de la noticia. El catálogo de excusas y pretextos tiene tantos lugares comunes, que al final la charlatanería, el descaro o la corrupción terminan usando la misma máscara: la de culpar al mensajero y evitar rendirle cuentas a la sociedad por sus actuaciones.
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21 nov 2018 - 05:00 AM
