En los corrillos se hablaba de que el Órgano Judicial estaba a la venta. Y, de tanto en tanto, emergían detalles, como cuando la procuradora general de la Nación contó que un magistrado le había confesado: ¡Me grabaron! ¡Me grabaron! O cuando se conoció de un empresario que quiso denunciar el chantaje de que fue objeto, pero se arrepintió al percatarse de que terminaría inculpado. Ahora se trata de un ciudadano que participó del rejuego y llevó la peor parte, con lo que decidió llevar su testimonio hasta donde fuera necesario. Su versión involucra al hijo de Oydén Ortega, el magistrado en cuyas manos podría estar la suerte de Ricardo Martinelli, razón por la cual se especula que persigue presionar a Ortega para que actúe de determinada manera en el caso del expresidente. Lo cierto es que, más allá de segundas intenciones, la denuncia es harto seria. Se trata de la negociación de un fallo narrada por una de las partes. El relato confirma que el sistema está podrido y la culpa no es exclusiva de los jueces, sino de todos los que en algún momento han puesto dinero sobre la mesa para lograr sus objetivos, desde los pablo pueblo hasta los empresarios, desde los tinterillos hasta las grandes firmas.
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16 nov 2018 - 05:00 AM
