El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos nos hace recordar la importancia que tiene para la democracia que exista un sistema de pesos y contrapesos que limiten el poder de los gobernantes. Ello es válido para Panamá, donde hemos sido testigos de los extremos a los que son capaces de llegar los políticos con tal de asegurarse la dichosa “gobernabilidad”. El saqueo del que ha sido víctima el Estado no tiene fin. Escándalos de corrupción –el del Programa de Ayuda Nacional, Odebrecht, Blue Apple, y más recientemente las planillas de los diputados y Pandeportes– nos dejan claro que cuando se trata de avaricia, poder e intereses particulares, ¡qué más da el bien común! Es a través del ejercicio de un sufragio concienzudo e informado que los ciudadanos podemos lograr ese balance de poder. No se trata de un hecho simple como rayar la papeleta para beneficiar al más regalón o al amigo sin mérito. Se trata de elegir a las personas correctas, a las que hayan demostrado con trayectoria o hayan probado su convicción de que lo que realmente les interesa es construir un mejor Panamá, en el que la maleantería y el abuso de poder desaparezcan o, al menos, se castiguen ejemplarmente, y la transparencia y la debida rendición de cuentas sean regla y no la excepción.
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08 nov 2018 - 05:00 AM
