Cada proceso electoral saca a relucir situaciones que ameritan revaluarse y enmendarse para el siguiente torneo. Luego de las primarias presidenciales de los partidos políticos, se ha hecho obvio el sesgo que las reglas actuales crea a favor de los partidos respecto a las candidaturas independientes. Los primeros, con un mínimo de votos de sus adherentes, tienen derecho a que su candidato entre a la papeleta, participe de los debates y reciba un millonario subsidio para gastos de campaña. Los segundos, en cambio, tienen que lograr, al menos, 18 mil firmas y competir entre sí por una de las tres posiciones disponibles. Pasados estos filtros, obtendrán un financiamiento bastante menor al que reciben los partidos. Está claro que no se puede abrir una elección a un número indefinido de candidaturas, pero tampoco es justificable que el candidato de un partido aspire a la Presidencia tras obtener tan solo unos cuantos miles de votos y que, además, su partido reciba el ya codiciado subsidio electoral de más de un millón de dólares. Esta realidad es tan desproporcionada que no faltará quien lo vea como un buen negocio.
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30 oct 2018 - 05:00 AM
