Hasta hace pocos años, Odebrecht se paseaba por la región como el vecino rico del barrio. Las faraónicas obras y los exorbitantes montos solo competían con la magnitud de la enorme influencia que ejercían con los gobernantes, de la que hacían gala en forma indiscreta. Nadie entonces habría pensado que un día como hoy estarían pasando vicisitudes propias de alguna de las economías que más exprimieron. El incumplimiento de un pago por parte de la firma puede tener un disparador coyuntural –el probable triunfo del candidato brasileño Jair Bolsonaro y lo que el advenimiento de este político de extrema derecha significa para un contratista asociado al Partido de los Trabajadores- , pero las causas que yacen detrás de los problemas financieros de la empresa son estructurales. Como consecuencia del descubrimiento de un esquema de corrupción, la firma fue sancionada con multas millonarias. Además, varios países cancelaron contratos y la vetaron de participar en licitaciones. A esto se suma la aversión que la marca suscita. Más allá de las consideraciones éticas, esa previsible vulnerabilidad financiera debió ser una razón objetiva más para que el Estado panameño no le adjudicara nuevos proyectos de envergadura. Es importante estar atentos, para que este impago no tenga consecuencias en Panamá. Ya el país vivió la nefasta experiencia de contratar empresas que no cuentan con la liquidez para culminar las obras que emprenden.
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27 oct 2018 - 05:00 AM
