Cuando se trata de comunicar temas de Estado, especialmente aquellos sensitivos, el único manejo que cabe es la transparencia. Todo lo que se diga mal, tarde o a medias, dejará agujeros que los medios de comunicación y la opinión pública -en especial, a través de las redes sociales- llenarán a su criterio y hasta conveniencia. Tal ha sido el caso con la reunión del presidente Juan Carlos Varela y el secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo. La Presidencia divulgó un comunicado en el que omitió una parte de la conversación -la relacionada con China-. Posteriormente, después de que circulara la versión de Pompeo, la confirmó de forma casual, escudándose tras el absurdo argumento de que el tema no había sido parte “de la reunión formal”, ya que fue abordado cuando recorrían la “residencia presidencial”, donde están las estancias privadas del gobernante y su familia. Revela esto, como mínimo, una ingenuidad preocupante, sobre todo si se contrasta con la actuación de la contraparte. El representante de Estados Unidos, bastante menos improvisado y muy estratégico, ofreció declaraciones que parecen planeadas y enfocadas en dar un mensaje. Al final, queda claro que el tema sí fue abordado. Puede ser que, como dijo Varela, China haya sido apenas un aparte en la conversación, pero el solo hecho de que él no lo mencionara desde el inicio ha dado cabida a la suspicacia y la desconfianza. El daño está hecho, y es un daño a la credibilidad de nuestras autoridades.
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20 oct 2018 - 05:00 AM
