El plan energético propuesto por el gobierno actual, aplicable hasta el año 2032, le ofrece muy poco espacio a las energías verdes, a la eficiencia energética y a la autogneración. Según las directrices, al menos 413 megavatios provendrán de nuevas hidroelécricas, incluyendo la planta de Chan2. Para los planificadores estatales no existe el cambio climático, ni los efectos de la corriente de El Niño. Como si fuera poco, la matriz energética aumenta su dependencia de la generación térmica con gas natural, dándole la espalda a los compromisos internacionales adquiridos por el país para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Tampoco se incentiva a una mayor eficiencia energética en los usuarios públicos y privados, que con mejores prácticas de construcción y una gestión más inteligente de su consumo, podrían producir ahorros significativos. Así sería muy fácil pensar que todas las universidades, hospitales, escuelas, centros comerciales y cuarteles de policía, podrían tener paneles solares o cubrir sus techos con jardines urbanos para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. Una estrategia de energía para el país pudo ser más imaginativa, sensible a las necesidades ambientales y a los desafíos sociales que enfrenta Panamá. La propuesta solo ofrece más de lo mismo, y concentra mucha energía en mantener un statu quo que debe cambiar.
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13 oct 2018 - 05:00 AM