Las negociaciones parecen bastante evidentes: un cambalache. La Asamblea Nacional, casi que simultáneamente, aprobó una dispensa fiscal de 300 millones de dólares para el Gobierno y devolvió –a través de la Comisión de Presupuesto–, el proyecto de presupuesto general del Estado para el próximo año, a fin de que le haga ajustes, que incluyen, lógicamente, a la Asamblea Nacional. Los diputados, que han dilapidado nuestros impuestos con planillas brujas, con donaciones más brujas aún y con una gestión tan opaca como el petróleo, exigen que les aumenten 25 millones de dólares a su presupuesto. ¿Para qué necesitan más plata estos despilfarradores? ¿No les basta haber hecho un festín con los más de 400 millones de dólares que le dio Martinelli y las decenas de millones que les ha dado el gobierno de Varela? Si ya no tienen los gastos de personal de confianza ni los contratos temporales, ¿entonces para qué quieren más dinero? La respuesta es obvia: fondos para una reelección inmerecida y desleal, y el gobierno es cómplice en ello. Los diputados claramente llegan a acuerdos con el Ejecutivo para perpetuarse en sus curules, para someter al país a sus caprichos banales, pero que los enriquecen, a costilla del sudor de quienes pagan impuestos. Es una lástima ver recursos valiosos perderse en ese hoyo negro que es la Asamblea, de donde salen los nuevos ricos, que saludan con afecto a sus nuevos amigos en el Ejecutivo.
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06 oct 2018 - 05:00 AM
