Las instituciones de gobierno están en medio de las vistas presupuestarias de la Asamblea Nacional, proceso en el cual entidades como el Instituto Nacional de Cultura o el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud han sufrido importantes recortes. No obstante, la divulgación de los fastuosos contratos de publicidad radial a diputados, o de alquiler y reparación de lujosos automóviles demuestra, una vez más, que los diputados están desconectados de las realidades que enfrentan los ciudadanos y de las prioridades que deben atender para el país. Es imperdonable que no haya fondos suficientes para investigar cómo derrotar al dengue o para reparar el Conservatorio Nacional, pero sí hay para los lujos y privilegios de una casta de políticos que ordeña el clientelismo y se han hecho dueños de sus curules tergiversando la función legislativa, privando al país de las herramientas legales necesarias para su bienestar. Una vez más, ya sin sonrojo ni pena, la mayoría de los diputados hace lo que suele hacer y evita dar la cara o rendir cuentas. Todos ellos saben que tienen una patente de corso que nadie se atreve a enfrentar. Solo los votantes tienen la solución.
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25 sep 2018 - 05:00 AM
