Es descorazonador que la Caja de Seguro Social divulgue a la nación la infausta noticia del fallecimiento de 21 infantes en el mes de julio pasado. La práctica de la medicina científica se rige por cánones de estrictos protocolos de tratamiento y controles estadísticos, los que requieren de un fuerte compromiso ético de parte de todos los involucrados. Con los antecedentes de la CSS no se le puede extender un simple voto de confianza a lo declarado por sus altas autoridades. Se hace necesario un ejercicio transparente de veeduría médica que analice lo ocurrido. Perder una vida a manos de la “casualidad” o la “suerte”, aunque se trate de anomalías estadísticas, requiere de medidas extraordinarias para restablecer la confianza de todo un país en sus servicios de salud. Panamá no se ha recuperado de los eventos del dietilenglicol, los neonatos muertos por eparina y los estragos de las bacterias nosocomiales. Aunque es sabido que todo tratamiento médico de alto riesgo puede tener consecuencias fatales, los 21 infantes fallecidos merecen que los honremos con la verdad.
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08 ago 2018 - 05:00 AM
