La decisión del juez de garantías de resguardar la intimidad de las víctimas de los pinchazos -causa por la que está siendo procesado el expresidente Martinelli-, más que acertada, es justa, ya que divulgar el contenido de esas comunicaciones sería como victimizar nuevamente a las personas afectadas. Hasta ahora, el contenido de esas transcripciones ha sido guardado con celo, y la renuncia de todas las víctimas de conocer de los casos que no son suyos también es una decisión sabia. Queda ahora en manos de la defensa del expresidente mantener la confidencialidad de estos documentos y respetar el derecho que todos ellos tienen a su intimidad. Nada sería más perjudicial para el proceso que estas comunicaciones pasen de la lectura al rumor y estos a los corrillos, para luego colarse en las redes sociales o en los medios de comunicación. Y si algo llega a la opinión pública, esperamos que haya sanciones ejemplares para los responsables.
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03 ago 2018 - 05:00 AM