Para muchos panameños la Caja de Ahorros fue el primer banco que conocieron, el que les enseñó a ahorrar y a tener crédito. Gracias a este banco estatal decenas de miles de familias pudieron adquirir su hogar, y jóvenes profesionales alcanzaron sus metas educativas de la mano cordial del banco de Zambo. En un momento tenebroso que jamás se debe repetir, los fondos de la Caja de Ahorros fueron a dar a casas de valores o sirvieron para financiar dudosas transacciones de allegados al gobierno de turno. En su defensa se alega que no hay peculado porque el banco recuperó su dinero, pero ese delito es mucho más que la pérdida de patrimonio, es también la desviación de los recursos del Estado para fines distintos de su propósito original. El posible daño causado a la institución y las respectivas víctimas que pudieron resultar de estas actuaciones son invisibles, como lo son los fallecidos por la falta de medicinas en los hospitales, los niños que se quedaron sin escuelas o las comunidades que siguen esperando agua potable. Un peculado siempre es un crimen, aunque se devuelva lo robado.
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24 jul 2018 - 05:00 AM
